lunes, 1 de febrero de 2010

El autoconcepto y autoestima en la adolescencia



El Autoconcepto representa el conjunto de características o atributos que nos definen como individuos y nos diferencian de los demás. Para construir un autoconcepto, los individuos ponen atención en la retroalimentación que reciben en sus asuntos cotidianos que muestran sus atributos, características y preferencias personales.

La autoestima, supone una valoración de nuestro autoconcepto, y por tanto un proceso de construcción social, al depender de cómo nos evalúan los demás para evaluarnos nosotros mismos.


El autoconcepto presenta varios componentes como los siguientes: el Yo ideal y el Yo posible. El primero se caracteriza por aspectos idealizados como quién le gustaría ser al adolescente; mientras que el segundo supone quién le gustaría ser a partir de quien es.

El autoconcepto puede ser difuso a partir de los conflictos entre el yo ideal y el yo posible, a partir de las Diferencias entre las expectativas y la realidad; que consisten en la medida en que podemos alcanzar el yo posible, y el grado en que este refleja el yo ideal. Es decir, la discrepancia es la medida de la desadaptación. Ya que cuanto más conflicto haya en el autoconcepto más difícil resulta adaptarse para interactuar con los demás y todo lo que eso implica, repercutiendo también en la autoestima.


La autoestima posibilita al adolescente una mejor entrada en la vida adulta con un desarrollo psíquico y emocional óptimo. Determinan la autoestima las relaciones con los padres: su apoyo y afecto propiciarán una alta autoestima en el adolescente, mientras que la excesiva crítica y exigencia, propiciará una baja autoestima, como también las enfermedades. También influye la relación con los iguales, cuánto más popular sea el adolescente por detalles o características que el considere que son bien valoradas por sus iguales, más alta será su autoestima al igual que con un alto rendimiento escolar. Influyen factores como las diferencias de género: en los varones, habilidad deportiva y sentimiento de eficacia. Y en las mujeres la calidad de sus relaciones interpersonales y su atractivo físico.


No obstante se produce un descenso de la autoestima al inicio debido la influencia familiar en el adolescente y cambios intensos físicos, que pueden provocar insatisfacción en el adolescente que los sufre, cambios en el contexto escolar y el inicio de relaciones sexuales y la búsqueda de pareja.

Desarrollo de la autoestima en la adolescencia



La autoestima puede desarrollarse convenientemente cuando los adolescentes experimentan positivamente cuatro aspectos:


· Vinculación: resultado de la satisfacción en el adolescente al establecer vínculos que son importantes para él y que los demás también reconocen como importantes.


· Singularidad: resultado del conocimiento y respeto que el adolescente siente por aquellas cualidades o atributos que le hacen especial o diferente, apoyado por el respeto y la aprobación que recibe de los demás por esas cualidades.


· Poder: consecuencia de la disponibilidad de medios, de oportunidades y de capacidad en el adolescente para modificar las circunstancias de su vida de manera significativa.


· Modelos o pautas: puntos de referencia que dotan al adolescente de los ejemplos adecuados, humanos, filosóficos y prácticos, que le sirven para establecer su escala de valores, sus objetivos, ideales y modales propios

La evolución de la identidad en la adolescencia


La identidad se define como la toma de conciencia del papel en la sociedad, es decir una relación óptima entre una coherencia cognitiva de ese papel en sociedad que aporte estabilidad; la conciencia de existir y sentirnos los mismos. Es decir, el yo estable en el tiempo como el recuerdo de esa identidad, la sensación de que seguimos siendo la misma persona. Sin embargo, en la adolescencia se producen cambios de identidad, en los que influyen factores como pueden ser los componentes recibidos y elegidos del entorno social y cultural. Por ejemplo, según el género, los chicos comparten componentes ideológicos y las chicas componentes interpersonales.

Según el estatus de identidad, este se define en función de dos dimensiones: crisis y compromiso a partir de varios tipos de identidad:

Una identidad moratoria: el adolescente presenta una crisis por lo que no hay compromiso, y experimenta roles diferente con un elevado nivel de ansiedad, se muestran indecisos y flexibles además de compartir algunas de las características positivas de los sujetos en logro.

Identidad difusa: crisis de identidad, con altos niveles de ansiedad con compromisos efímeros con escaso autocontrol, baja autoestima y autonomía, posibles trastornos psicológicos, son conformistas e influenciables y presentan probabilidades de un Mayor consumo de drogas

Identidad lograda: si hay crisis y compromiso pero presenta una estabilidad personal con una imagen pública y privada relativamente coherente, y un sentido de propiedad de las decisiones tomadas. Sujetos maduros y autónomos que muestran baja ansiedad y escasos estados emocionales negativos, son cooperativos e interesados en los demás, y niveles avanzados de desarrollo moral

Identidad hipotecada: no hay crisis y si hay compromiso. Puede considerarse el atajo para la identidad pues las creencias y objetivos han sido modelados por otros, sin ser el individuo. Por ejemplo: el adolescente quiere estudiar medicina porque su padre es médico. Se muestran conformistas, convencionales y rígidos, escasa ansiedad Relaciones estereotipadas con dificultades para establecer relaciones de intimidad. Obedientes y dependientes de los padres con un menor consumo de drogas.

El papel de la familia en la identidad adolescente




No todas las familias favorecen por igual la autonomía de los hijos al llegar la adolescencia. Los resultados de una investigación de Elder, manifiesta que los padres parecen más autoritarios que las madres; las madres son más democráticas, igualitarias y permisivas que los padres. Estos modos de disciplina se relacionan con la probabilidad de sentimientos de rechazo de los padres por parte de los adolescentes.

Respecto a la relación entre esos tipos de disciplina y el desarrollo de la independencia, Elder refiere una mayor frecuencia de adolescentes con conducta independiente entre hijos de padres democráticos y permisivos, que entre los de padres autocráticos.


Las diferencias entre familias constituyen precisamente uno de los problemas que el adolescente ha de afrontar en la búsqueda de su independencia. Las frecuentes discrepancias al respecto entre padre y madre, e incluso las inconsistencias de cualquiera de ellos contribuyen a la inseguridad del adolescente respecto al modo de la independencia socialmente aceptable.


El momento de la pubertad influye en las reacciones recíprocas entre padres e hijos, al menos entre los varones. Es decir, a medida que se acerca la pubertad disminuyen las explicaciones que sus padres tienen con el hijo, la interacción en el seno de la familia se vuelve más rígida, disminuye la deferencia del hijo hacia la madre, y se multiplican las interrupciones de su conducta por la intervención paterna. A partir de entonces, mejora la relación con los padres. Sin embargo a lo largo de la adolescencia, el hijo interrumpe cada vez más a los padres y les aporta menos explicaciones acerca de su vida.


No obstante, la edad adolescente no siempre culmina en la adquisición de la independencia, con pautas evolutivas diferentes en hombres y mujeres. Esta independencia puede tardar en alcanzarse a partir de factores sociales y personales; así como que hay adultos que siguen siendo adolescentes. Conocido dicho hecho, como la perpetua adolescencia, caracterizada en el individuo por sentimientos de inferioridad, incapacidad en la toma de decisiones, comportamiento irresponsable, etc, promovido por una madre con las siguientes características: clase media, educación superior, totalmente interesada en ser una madre competente que quiere formar un hijo perfecto, con un marido ocupado periféricamente en los hijos.

La influencia de los pares significativos en la identidad adolescente.



A medida que el individuo avanza en su desarrollo adolescente, el deterioro de los vínculos familiares y esa independencia de los mismos que necesita, le aporta un vacío que trata de llenar con el grupo de iguales.


La interacción con los compañeros en la adolescencia desempeña funciones parecidas a la niñez pero de manera más decisiva. El grupo resulta la fuente principal donde el adolescente recaba su estatus y su autoconcepto; las relaciones con los iguales del mismo y del otro sexo, sirven de prototipos de las futuras relaciones entre adultos. El adolescente necesita compartir sus sentimientos, dudas, temores y proyectos con otras personas, y difícilmente puede hacerlo con los padres. Por tanto, el adolescente se encuentra en un proceso de romper los lazos familiares y para ello necesita del apoyo, aprobación y la seguridad que le proporciona el grupo de iguales.


Finalmente, en esta búsqueda de independencia, el adolescente va a desarrollar un gran conformismo respecto al grupo, sin límite de gustos, modas y estilos vigentes en el mismo. Pues buscará sentirse integrado e identificado en el grupo, así como también buscará la aprobación del mismo.

Orientación y comportamiento sexual en la adolescencia



El comportamiento sexual en los adolescentes, como también en los adultos, no sólo responden a motivaciones sexuales intrínsecas sino que también se ve influído por incitaciones externas. Es decir, los prototipos y símbolos sexuales en una cultura (por ejemplo la imagen del desnudo femenino), determinan los contenidos y los significados de la conducta sexual. Para el adolescente enamorarse o haber tenido el primer coito, pueden suponer motivos sociales más que motivos eróticos; ya que para muchos adolescentes la intimidad sexual es una experiencia que aporta autonomía, sentimiento de identidad, autovaloración propia como persona atractiva y de toma de conciencia de su capacidad para la relación con los otros.


También hay que tener en cuenta la influencia de la cultura, en el sentido de que la sociedad considera conductas problemáticas en la adolescencia, que en cambio juzgan normales en la edad adulta; motivo por el cual las relaciones sexuales en la adolescencia constituyen comportamientos que jalonan la transición a la adultez. En ellas el adolescente satisface una necesidad de experimentación vital, de experimentar y experimentarse tentativamente como adulto.

martes, 12 de enero de 2010

Teoría de Stenberg sobre el amor


En su teoría sobre el amor Stenberg señala tres componentes: identidad (I), pasión (P) y decisión/compromiso (C); a partir de los cuales se analizan las estructuras de amor de los dos miembros. Según una metáfora geográfica esos componentes ocuparían los vertices de un triángulo. El área del triángulo nos indicará la cantidad de amor sentida por un sujeto, y su forma geométrica, dada por las interrelaciones de los elementos, indicaría el equilibrio o nivel de cada uno de los componentes. Un estudio realizado a partir de esta teoría ha dado los siguientes resultados:

Resultados por sexos:

El nivel de P es mayor en las mujeres mientras que los demás niveles del resto de los componentes (I y C) son similares en ambos sexos. Se observa una tendencia de que se atribuyen mayores niveles de I que a sus parejas. No obstante, los hombres se consideran más apasionados. Las mujeres cuanto más comprometidas y apasionadas quieran sentirse, desean en ellos mayor pasión y compromiso.

Con el tiempo disminuyen o se pueden modificar en lo que a expresión se refiere, la intimidad y la pasión, el compromiso se mantiene constante. Las mujeres no perciben esta disminución de la pasión en sus parejas, al pensar que ellos se sienten más pasión.

Por otro lado, los ideales de relación en los varones no se modifican con el tiempo, mientras que en las mujeres disminuyen los niveles de intensidad y compromiso hasta que se sientan demasiado comprometidas. Y al mismo tiempo desean más intimidad y pasión en sus parejas.

Resultados por parejas:

Los sujetos perciben correctamente lo apasionado/a y comprometido/a que se siente el otro; pero la percepción de intimidad que siente la pareja es menos adecuada a la realidad.

Ambos miembros de una pareja no coinciden en el nivel ideal de cada componente, salvo en la pasión. Los niveles de I se mantienen de forma paralela en los dos conjuntamente, aunque sus deseos de mayor o menos intimidad no se modifican de forma paralela. Con el tiempo, los cambios de ambos en I y C se producen de forma similar.

No obstante, la relación ideal se va puntualizando y ambos desean cosas diferentes para sí mismo y para el otro; ya no es igual el nivel de C que quieren sentir. Y la P que las mujeres desean para sus parejas es mayor que la que ellos desean para ellas.

Sin embargo, los varones piden más I y C del que a ellas les gustaría y las mujeres piden más P de lo que ellos desean. Tampoco se cumplen las aspiraciones de la pareja en la realidad: los varones presentan más I y C de la que ellas sienten.