lunes, 1 de febrero de 2010

El papel de la familia en la identidad adolescente




No todas las familias favorecen por igual la autonomía de los hijos al llegar la adolescencia. Los resultados de una investigación de Elder, manifiesta que los padres parecen más autoritarios que las madres; las madres son más democráticas, igualitarias y permisivas que los padres. Estos modos de disciplina se relacionan con la probabilidad de sentimientos de rechazo de los padres por parte de los adolescentes.

Respecto a la relación entre esos tipos de disciplina y el desarrollo de la independencia, Elder refiere una mayor frecuencia de adolescentes con conducta independiente entre hijos de padres democráticos y permisivos, que entre los de padres autocráticos.


Las diferencias entre familias constituyen precisamente uno de los problemas que el adolescente ha de afrontar en la búsqueda de su independencia. Las frecuentes discrepancias al respecto entre padre y madre, e incluso las inconsistencias de cualquiera de ellos contribuyen a la inseguridad del adolescente respecto al modo de la independencia socialmente aceptable.


El momento de la pubertad influye en las reacciones recíprocas entre padres e hijos, al menos entre los varones. Es decir, a medida que se acerca la pubertad disminuyen las explicaciones que sus padres tienen con el hijo, la interacción en el seno de la familia se vuelve más rígida, disminuye la deferencia del hijo hacia la madre, y se multiplican las interrupciones de su conducta por la intervención paterna. A partir de entonces, mejora la relación con los padres. Sin embargo a lo largo de la adolescencia, el hijo interrumpe cada vez más a los padres y les aporta menos explicaciones acerca de su vida.


No obstante, la edad adolescente no siempre culmina en la adquisición de la independencia, con pautas evolutivas diferentes en hombres y mujeres. Esta independencia puede tardar en alcanzarse a partir de factores sociales y personales; así como que hay adultos que siguen siendo adolescentes. Conocido dicho hecho, como la perpetua adolescencia, caracterizada en el individuo por sentimientos de inferioridad, incapacidad en la toma de decisiones, comportamiento irresponsable, etc, promovido por una madre con las siguientes características: clase media, educación superior, totalmente interesada en ser una madre competente que quiere formar un hijo perfecto, con un marido ocupado periféricamente en los hijos.

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